El colegio

No quiero ir a clases. Todos los días me consume un poco más la vergüenza de llegar con las manos vacías a la sala y tener que decirle a la profesora que (de nuevo) no hice la tarea. Invento excusas que contradicen las mentiras de la vez anterior, y la anterior. Pasa el día y me llenan nuevamente con tareas que sé que no voy a terminar porque ni siquiera he terminado las de ayer. Tarea de inglés, tarea de español, tarea de esto, tarea de lo otro. Ya no puedo. ¡Sáquenme de aquí!

Hoy no fui al colegio porque alcancé la cima de la desesperación. No podía. ¡Entre el desastre académico y la telenovela social ya no quiero más guerra! No sé cómo pude haberme involucrado en tantos líos. Hay personas a las que sencillamente ya no puedo ver a la cara, pues la vergüenza es tal que es mejor fingir que no pasó nada. Camino por el pasillo y veo los rostros de quienes alguna vez llamé mis amigos. Mejor me salto hoy para no tener que soportar esa faena.

Me quedé en la casa para evitar lo inevitable, a pesar de que llegará el momento en que todos me enfrentarán. Imagino que será una especie de juicio final donde tendré que rendir cuentas por cada una de mis faltas. Y ya ni las recuerdo.

Lo académico es lo peor. Siento que este año voy a reprobar hasta el alma. ¿Quién conoce una forma de empezar de nuevo?


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